28 jun. 2014

Pasadizos

Se inclinó y contrajo el cuerpo para salvar el hueco. Desde el otro lado asomó su mano; el soldado que sostenía la antorcha se la entregó, y tanto el brazo como la luz desaparecieron por el agujero, dejando el pasillo en penumbra, iluminado sólo por la segunda antorcha que portaba uno de los soldados que se hallaban a la espalda de Kal. Todavía aturdido, Kal metió la cabeza y los brazos por el hueco. Era tan estrecho… Cerró los ojos, agobiado por la opresión de la piedra sobre la cabeza, a ambos lados de su cuerpo. «Melliza». Una aguda punzada de pesar lo paralizó.

—Majestad —susurró Angarad. Kal parpadeó. «Melliza… ¿Dónde estás?» Lejos. Demasiado lejos.

Tuvo que reptar y sacudirse para poder llegar al otro lado, donde Angarad lo esperaba con la mano tendida para evitar que se diera de bruces en el suelo.

Se puso en pie y miró a su alrededor mientras los demás soldados traspasaban la pared. El corredor se había convertido en un túnel cuyas paredes, suelo y techo se unían formando una sección irregular que recordaba vagamente a un círculo. Casi por completo a oscuras salvo por la temblorosa llama de la antorcha, lo único que se veía era el barro negro que rezumaba de las paredes y el techo, que cubría el suelo con una pátina viscosa y llenaba el aire del olor picante y penetrante de la humedad.

De El sueño de los muertos (El Segundo Ocaso II)





26 jun. 2014

Sobre las edades de los personajes

Hacía tiempo que quería escribir una pequeña aclaración sobre este tema, porque me ha dado para muchos debates y comentarios con compañeros escritores, editores y lectores tanto de La Elegida de la Muerte como de El sueño de los muertos, y preveo que va a dar aún más tema de conversación en las siguientes entregas de la saga. Me refiero a las edades de los personajes =)

La cuestión es la siguiente: siendo Ridia un continente que vive en una especie de medievo alternativo, lo primero que tuve que plantearme a la hora de dar vida a la gente que habita en él fue precisamente las edades de esas personas. Para cualquiera que sepa un poquito (no hace falta que sea mucho) sobre la vida en la Edad Media europea, que es la etapa histórica y la localización geográfica que más se acercan a la realidad de Ridia, es evidente que la gente no seguía el mismo calendario vital que seguimos ahora. Es decir: en esa época los niños no eran niños tantos años, no había adolescencia y se consideraba que pasaban a la edad adulta bien tempranito, allá por los 12-13 años aproximadamente, dependiendo de varios factores (físicos, sociales, económicos). Y a los 30 eran viejos.

Lo lógico, puesto que en la mayoría de los detalles que describen y conforman Ridia me he ceñido a esa época, era ajustar también las edades de los personajes. Pero decidí no hacerlo, y jugar a que la gente de Ridia tiene un ciclo vital más parecido al nuestro, al de la actualidad, que al del medievo: es decir, a los 15 años son adolescentes, a los 20 son jóvenes, a los 30 todavía están bien plantados y en la plenitud, no se les considera maduros/viejos hasta mucho después. ¿Por qué? Por varios motivos :P por ejemplo, me daba más juego a la hora de manipular sus emociones, y que me daba más cancha a la hora de planificar ciertos aspectos de la historia. Y, también, que me siento más cómoda en determinadas escenas (sobre todo las de sexo) cuando no tengo como protagonista a una chavala de 11 años, por ejemplo. Es cosa mía: si quisiera evitar incomodar a nadie, no escribiría determinadas escenas que son bastante incómodas de por sí, tenga la edad que tenga el personaje que las protagoniza.

Y que es lo bueno que tiene escribir fantasía: que ciertas normas, ciertas realidades, las puedes manipular como te venga en gana o mejor te convenga. En este caso, yo he manipulado las edades de los personajes. ¿He hecho bien? No lo sé =) lo que sí sé es que me siento más cómoda así, y que la única concesión que he hecho al "medievalismo" es considerar solterona y ajada a una mujer de 25 años. Y no demasiado. ¿Podría haberlo hecho de la otra manera? Por supuesto :P es una elección personal, y puede que a algunos les guste y a otros no. Como nunca se puede contentar a todo el mundo, empezaré por contentarme a mí misma, que cuando un autor no está contento cuando escribe se nota un montón ;) Eso sí, tenéis mi permiso para restarles 5-10 años a todos los personajes si así os sentís mejor =D =D =D


19 jun. 2014

De reyes y reinas y demás fauna

—¿Vais a hacer algo, mi señor? —preguntó Kinho de Talamn. El rey parpadeó y lo miró sin cambiar de postura; el señor de Talamn parecía verdaderamente preocupado por su soberano. Adelfried sonrió.
—Voy a hacer lo mismo que llevo haciendo un año. O sea, no voy a hacer nada —contestó. Kinho abrió mucho los ojos: su sorpresa aparentaba ser genuina. ¿Por qué no iba a serlo? «¿O es que toda Cohayalena sabe que el rey sabe que es un cornudo?»
—Pero... Majestad...
—Kinho —le interrumpió sin ceremonias, y puso los ojos en blanco—. Hace siglos que sé lo que Thais hace con Vohhio en su tiempo libre. ¿Crees que, si tuviera intención de hacer algo, habría esperado hasta que su embarazo fuera tan evidente? ¿No habría sido más sencillo mandarla al cuerno antes de que Riheki me llenase las calles de banderolas anunciando el próximo nacimiento de mi heredero? —preguntó, sardónico.
Kinho sonrió.
—Tenéis razón, señor —admitió con una graciosa reverencia—. Y lamento que fuera precisamente mi esposa quien empujó al señor de Vohhio a los brazos de la vuestra.
—Fue involuntariamente, estoy seguro —dijo Adelfried con una mueca, girando el cuerpo para cambiar de postura en el incómodo trono.
—Pero sigo pensando que deberíais deshonrar el león de Vohhio.
El rey hizo una mueca, aburrido.
—Eso sólo le daría una alegría al Gremio de Costureras, Kinho. ¿Y de qué me serviría cortarle las pelotas al estandarte de Adhar, si voy a acabar regalándole el trono al crío que ha salido de las suyas? —agregó, apoyando la mejilla en la palma de la mano.
—Al menos, todo el reino sabría que ha caído en desgracia...
—Sí —bufó Adelfried—. Y que ha ido a caerse justo entre las piernas de mi mujer. Eso sería estupendo, desde luego.


De La Elegida de la Muerte (El Segundo Ocaso, libro I)




13 jun. 2014

Ignotus

Hoy me he despertado con una sorpresa de las buenas. Porque siempre es bonito que hablen bien de ti (o, en el caso de los escritores, de tu libro), y es mucho más bonito descubrir que alguien ha leído una de tus novelas y le ha gustado tanto que ha decidido recomendarla para las nominaciones de los Premios Ignotus, los premios de fantasía más importantes de nuestro país.

Es bonito, y es emocionante, que alguien diga de una de tus novelas cosas como que es "una novela fantástica que puede competir sin problemas con lo mejor que se produce a nivel internacional", o que "demuestra todo el potencial que tiene la autora, con una narrativa ágil y moderna, que engancha y fascina por igual." En este caso ha sido la web La Casa de El (en ese link podéis ver el resto de recomendaciones para esta edición de los Ignotus). Y no puedo sino dar las gracias =) =) a La Casa de El, a Minotauro y a todos los que habéis leído mis novelas y os habéis animado a recomendarlas. Sois lo más grande =D


Actualizado: también Alfonso Melero Solá, conocido crítico literario (entre otras cosas), se ha lanzado a pedir el voto para El sueño de los muertos, entre otras propuestas. Ha sido en una nota en Facebook que me ha alegrado la tarde del lunes =) ¡Gracias!

¡Sugus para todos! =)

7 jun. 2014

Un recuerdo que inspiró una saga

Las ideas no salen de la nada. Los escritores estamos acostumbrados a dejar que cualquier cosa se nos cuele en la mente y nos active el chip raro ese que tenemos que saca una novela de los lugares más insospechados y peregrinos: una imagen, un olor, un grito, el aspecto tan excéntrico que tiene este pastelito, mira cómo brilla el sol en ese charco, ese póster es feísimo pero la sombra que tiene en la esquina me hace pensar en fantasmas que cantan en la ducha. Ése es el secreto de la "musa", como la llamamos (normalmente añadiendo un par de insultos dirigidos a la muy cabrona): que cualquier cosa, una palabra, una frase, un párrafo de un libro, un trocito de una película, la conversación que tus vecinos tienen en el ascensor o la forma que tienen las musarañas de bailar la conga delante de tus ojos cuando te aburres, cualquier cosa, puede inspirarte una escena, un capítulo, una novela, una saga.

Una curiosidad que no le he contado todavía a nadie (aunque mis hermanos, que comparten recuerdos de la infancia conmigo, lo pillaron sin necesidad de que se lo contase). Hace ahora ya siete años andaba yo buscando desesperadamente el hilo, la imagen, el olor que me despertase "esa idea" que todos necesitamos para empezar a escribir una novela. Tenía cierta prisa, porque me había propuesto un reto: escribir una novela completa en los 40 días que faltaban para el fin del plazo de entrega de un concurso. Y en ésas andaba, exprimiéndome el cerebro prácticamente a todas horas (en el curro, de camino a él, en la ducha, mientras hacía la comida, laralá) cuando por fin la encontré, como suelen ocurrir estas cosas, justo cuando no estaba pensando en ella. Fue un martes cualquiera a eso de las cuatro de la tarde, mientras aprovechaba mi hora libre antes de volver a la radio e intentaba echarme un ratejo de siesta. En ese momento en el que no tienes muy claro si estás dormida o despierta de repente me vino a la memoria esto:

"Aria: La Séptima Puerta", de Michel Weyland. No he encontrado
una imagen en mayor resolución, pero más o menos os hacéis una idea.



Una novela gráfica que había leído cuando era una renacuaja (recuerdo que la publicaban por entregas en una revista que editaban allá por los ochenta, "Jana", se llamaba. Con deciros que era para preadolescentes y que quien la compraba era mi hermana mayor, podréis haceros una idea de la edad que tenía yo cuando la leí: si tenía más de siete años, me como el teclado :P). El caso es que se me apareció en la memoria tal cual, como si acabase de leerla y no hubiera pasado más de un cuarto de siglo desde entonces. Y de esa página de ese comic, de esa escena en concreto, surgió la historia de Issi, la Öiyya (la protagonista de La Elegida de la Muerte), que más adelante se convertiría en el germen de toda la saga de El Segundo Ocaso.

Hay que ver las cosas que tiene la mente =)

4 jun. 2014

Extractos

—Si querías emborracharte sólo tenías que decirlo, ¿sabes? No es algo a lo que suela negarme. Aunque te pases la noche llamándome “comandante”. —Sacó la lengua—. Qué poco me gusta tener el mismo título que el primito Angarad. Venga —dijo, señalando la puerta del dormitorio—, vístete y vámonos. No tengo intención de ir a ninguna parte con un principito insomne vestido con una mierda de sábana.
—De acuerdo —respondió Danekal entre dientes, dejando caer la tela. Comenzó a andar hacia su cámara—. Pero si mi madre se queja porque Sihanna de Phanobia acaba teniendo que beber agua, pienso acusarte de traición y cortarte la cabeza.
—Si tu vino sigue siendo tan peleón como recuerdo, igual hasta te lo agradezco —le llegó la voz de Evan desde la otra habitación.
—Si cuando bebes más de tres copas te sigues poniendo tan gilipollas como recuerdo, seré yo quien le estará agradecido al verdugo.
—En Novana es el rey el que ejecuta a la gente, te lo recuerdo —comentó Evan. Danekal se apresuró a pasarse la camisa por la cabeza.
—Soy capaz de contratar un verdugo sólo para ti —dijo, buscando las calzas.
—Cuánto honor —refunfuñó Evan—. ¿Vas a darte prisa o qué? ¿Quieres que te vista yo?
Danekal no pudo evitar reír mientras se calzaba las botas.


De El sueño de los muertos (Minotauro, 2013) - El Segundo Ocaso, Libro II.