Ridia



HISTORIA

El continente de Ridia como tal estaba conformado hace seiscientos años por Tilhia, cuyas fronteras alcanzaban el actual norte de Phanobia y la ahora separada isla de Novana, y Svonda y Thaledia, que eran aliadas. Al norte, los pueblos tikën ocupaban un amplísimo terreno pero su desorganización impedía que fueran siquiera reconocidos por los demás habitantes del continente; al sur, Monmor estaba en una situación muy similar a los tikën, el territorio del actual imperio ocupado por una serie de tribus nómadas más interesadas en guerrear entre sí que en mirar más allá de sus fronteras.

El Ocaso de Ahdiel fue un punto de inflexión en la historia de Ridia: no sólo acabó con la sociedad centrada en la religión del Öi y el Ia (convirtiéndola en dos creencias distintas y relegando al olvido a una de ellas), sino que cambió la geografía del continente, allanando las cordilleras, creando mares, separando lo que antes estaba unido y uniendo lo que estaba separado. Debido al cambio orográfico se crearon varios países: Novana y Phanobia, antes parte de Tilhia, se separaron de su país de origen para crear sus propias monarquías, y, tras salir del aturdimiento inicial provocado por el cataclismo, los tikën en el norte y los monmorenses en el sur se avinieron finalmente a organizarse y formar sus propias naciones. No obstante, la diferencia entre ambos es clara: mientras los tikën sólo lograron una alianza nominal basada en sus ansias de riqueza, saciadas por medio de incursiones realizadas a los países del sur, los monmorenses lograron una alianza política muy fuerte entre todas las tribus, centrada en la figura de su Divino Emperador, y una vez unificados comenzaron a mirar más allá de sus fronteras no en busca de riquezas sino de territorios. La ascensión al poder del imperio de Monmor tuvo una aliada importante en la desorientación de los habitantes de Svonda, Thaledia y los demás países del centro del continente, que empezaron a guerrear entre ellos por una simple cuestión de supervivencia y permitieron que el imperio acumulase influencias hasta que se alzó por encima de ellos y se reveló como la potencia más fuerte de la geografía de Ridia.




PAÍSES

Los países que componen el continente de Ridia son casi todos monarquías feudales, aunque cada uno de ellos tiene un sistema de gobierno algo distinto. Los más diferentes, debido sobre todo a sus orígenes tribales, son los norteños y el sur. Empezando por el norte, los países más importantes del mapa del continente son:

Dröstik, Trïga y Hordrav: los tres países más septentrionales, están formados por los antiguos clanes tikën tras su alianza bajo la figura del drötikën, autonombrado señor de todos los Tikën. En realidad el dominio del drötikën se limita a los clanes de Dröstik: Hordrav es considerada vasalla suya, mientras que Trïga, tras la ascensión al trono de Vandre, ha adoptado algunas costumbres de la corte de Novana y ha llegado a discrepar abiertamente con la política guerrera del drötikën.

Los tikën son pueblos guerreros, cuya economía se basa desde antes del Ocaso en las riquezas obtenidas en las incursiones que realizan en tierras sureñas, con el apoyo de la ganadería, una agricultura muy poco desarrollada y la pesca. Son hombres violentos por naturaleza y la guerra y el saqueo son sus principales actividades, y aunque de nombre son gobernados por el drötikën y por los diversos drötk de los clanes, en realidad quienes controlan sus destinos son una casta de mujeres, las käneväs, adivinas místicas sin cuyo visto bueno ningún tikën emprende acción alguna. Su religión se basa en la obediencia absoluta a los designios de estas mujeres, que hablan con los källes, espíritus del más allá encargados de conducir a los muertos al Änellkä.

Pese a su unificación formal en tres países, los clanes tikën siguen siendo ferozmente independientes, y sólo la promesa de una gran riqueza puede hacer que actúen unidos durante un corto espacio de tiempo.


Phanobia, al sur de Dröstik, es considerado por muchos el inicio del mundo civilizado, del que excluyen a los tikën. Tras el Ocaso, Phanobia se separó del territorio de Tilhia y formó su propia monarquía, a imitación del país del que acababa de escindirse, con un rey en la cúspide de una pirámide formada por los nobles feudales que gobernaban los distintos señoríos en su nombre y en el de la Tríada. Este esquema se repite en todos los países que conforman el centro de Ridia y la península de Ternia: un territorio dividido en señoríos, que a su vez se dividen en señoríos más pequeños, y cuyos señores rinden pleitesía al noble que ostenta el nombre del señorío principal, al rey y a los dioses.

Tras la ascensión de la Tríada como dioses titulares de la religión oficial, después del Ocaso, Phanobia ha sido testigo de algunas de las escasas revueltas propiciadas por motivos religiosos: es de los pocos países que conservan el recuerdo de los öiyin, mantienen una célula activa de ianïe en su territorio, y además es la cuna del berenismo, la religión que aboga por la Luz como dios único omnipotente y preexistente. No obstante, ninguna de estas creencias ha logrado desbancar a la Tríada en los seiscientos años que han pasado desde el Ocaso.

Novana, la Isla Azul, vio cómo el Ocaso separaba su territorio de la antigua Tilhia y colocaba un mar entre ambos países. Al provenir prácticamente todos sus habitantes de Tilhia y haber conformado con anterioridad al desastre un señorío casi autónomo, su conversión en reino independiente no supuso en principio grandes conflictos, puesto que el establecimiento de una monarquía feudal no resultó extraño a quienes ya habían vivido bajo un régimen similar en Tilhia.

Sin embargo, la parte norte de la actual isla de Novana perteneció antes del Ocaso a los clanes tikën, y éstos sí tuvieron problemas para adaptarse a esa forma de gobierno. De ahí la situación en el siglo sexto después del Ocaso, que se presta a conflictos territoriales entre ambos grupos: en la actualidad Novana está dividida en dos por la cordillera de Saldehêna, que separa la parte sur, que en su día perteneció a Tilhia, y la región de Hongarre, proveniente de los territorios gobernados por los tikën. De este modo, aunque Novana es formalmente un país unificado bajo el gobierno del rey Tearate (de la Casa Laurvat) y su esposa Isobe (de la Casa Teilhil), los habitantes del norte siguen conservando su tradición cultural, más cercana a la de los norteños que a la de los hombres de los países centrales del continente.

Pese a sus conflictos internos, Novana es uno de los países más poderosos de Ridia, y es considerado de forma unánime el único reino capaz de enfrentarse al Imperio de Monmor y salir indemne.

Tilhia fue el país más grande y poderoso del continente de Ridia antes del Ocaso, que provocó que una gran parte de su territorio se escindiera y formase los países de Phanobia y Novana. Como recuerdo de aquella época de esplendor sólo conserva el título debido a todas sus reinas, “Luz del Norte”, que comparten con los monarcas novanos.

La estructura gubernativa de Tilhia es similar a la del resto de los países centroridianos, pero con una característica diferenciadora: la línea monárquica es matriarcal, una diferencia que mantienen desde mucho antes del Ocaso y que ha hecho que sólo un rey haya logrado subir al trono tilhiano en toda su historia, Novo I, el abuelo de la actual reina Klaya.

En la península de Ternia dos países llevan disputándose la hegemonía desde el Ocaso: Svonda y Thaledia, que desde tiempos inmemoriales han establecido como separación natural de ambos países el río Tilne y que, pese a dicho acuerdo, continúan hoy día intentando sobrepasar esa frontera natural y hacerse con el dominio de toda la península. Sus gobiernos, sociedades y culturas son muy similares, los posos culturales de ambos contaminados por los del país vecino después de tantos siglos de contacto directo militar y, pese a la guerra, comercial. No ha habido ni un solo momento en toda la Historia en el que ambos países se hayan unificado, tal es su equilibrio de fuerzas. Como los gobernantes de Svonda y Thaledia sabían a la perfección, sólo es cuestión de tiempo que el Imperio de Monmor aproveche esa circunstancia para hacerse con uno de ellos o incluso con ambos territorios. En la actualidad, la reina consorte de Svonda es familia directa del emperador (Drina de Qouphu, esposa del rey Carleig, es hermana de la madre del emperador, Valhiya de Qouphu). Thaledia, amenazada por el poderío del Imperio, ha alzado la mirada hacia el norte en busca de una alianza que logre arrebatar la enorme ventaja que Monmor y Svonda tienen sobre su territorio, prácticamente aislado entre sus dos fuerzas y con las montañas de Lambhuari cortando el acceso a Tilhia por el norte.


El Imperio de Monmor, técnicamente, no forma parte del continente de Ridia, puesto que se halla separado de él por un brazo de mar, el estrecho de Yintla. Pese a esta circunstancia, desde su unificación posterior al Ocaso el imperio ha mirado hacia el norte, hacia los países que conforman Ridia, en busca de una expansión territorial. Sólo los acallados conflictos internos entre las antiguas tribus monmorenses han logrado que esa expansión no se haya producido todavía, al menos de forma militar (sí ha habido una gran expansión comercial por parte de los monmorenses), aunque en los últimos años Monmor sí ha mostrado sus intenciones de expandirse por el norte utilizando armas como la diplomacia, las argucias políticas y todo su poderío militar, que es mucho: cuenta con más hombres que ningún otro país, y cuenta con un cuerpo militar, los diah del emperador, sólo comparables a los Indomables de Tilhia.
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CALENDARIO

El calendario vigente en Ridia en el siglo VI después del Ocaso es el que utilizaban los pueblos de la zona centro del continente, adoptado por el resto de sus habitantes en los cien años posteriores al Ocaso. El Calendario Ahdiélico, que se usaba anteriormente, estaba basado en los ciclos lunares; por el contrario, el Calendario Ridiano está fundamentado en el sol.

Según el Calendario Ridiano, el año tiene 355 días. Los puntos de referencia del calendario son las ocho festividades que se celebran a lo largo del año: cuatro fiestas basadas en el sol y otras cuatro siguiendo las estaciones.

Dependiendo de la duración del día se establecen cuatro festividades. Dos de ellas están fijadas los dos días del año en que el día y la noche duran exactamente lo mismo: Letsa, la Fiesta de la Renovación, cuando las largas noches del invierno dan paso a los días más largos de la primavera, y Ebba, la Fiesta de la Cosecha, que señala el punto del calendario en que las noches comienzan a ser más largas que los días. Kertta, la Fiesta de la Luz, es el día más corto y la noche más larga del año, en mitad del invierno. Y Cheloris, la Noche de los Espíritus, es la noche más corta. Las otras cuatro fiestas se establecen dependiendo de la estación. Tihahea, la Fiesta de la Vida, marca el paso del invierno más crudo al inicio de la primavera temprana; Dietlinde, la Fiesta de los Brotes, se celebra casi al final de la primavera; Elleri, la Fiesta de la Abundancia, tiene lugar en verano, cuando comienza la cosecha. Y Yeöi, la Noche de los Muertos, marca el inicio del Invierno. Así, se establecen en primavera las fiestas de Letsa y Dietlinde; en verano, Cheloris y Elleri; en otoño, Ebba y Yeöi; y en invierno, Kertta y Tihahea.

La forma de contar los días entre las diversas fiestas que puntúan el calendario depende de la cercanía de una u otra: los días más cercanos a una fiesta, tanto antes de celebrarse como después, obtienen su nombre (tercer día antes de Letsa, por ejemplo, o desde Letsa, para señalar cuántos días faltan para su celebración o cuántos han pasado desde la misma). Puesto que la separación entre fiestas no es regular, es decir, no hay el mismo número de días entre una y otra fiesta, cada período tiene una cantidad de días diferente, y se divide exactamente por la mitad para saber de qué fiesta obtiene el nombre, salvo entre Yeöi y Kertta, que no están separadas por un número par de días. De forma más detallada:

- De Tihahea a Letsa: 46 días divididos en dos períodos (del primer día desde Tihahea al vigésimo tercer día desde Tihahea, y del vigésimo tercer día antes de Letsa al primer día antes de Letsa)
- De Letsa a Dietlinde: 40 días divididos en dos períodos (del primer día desde Letsa al vigésimo día desde Letsa, y del vigésimo día antes de Dietlinde al primer día antes de Dietlinde)
- De Dietlinde a Cheloris: 50 días divididos en dos períodos (del primer día desde Dietlinde al vigésimo quinto día desde Dietlinde, y del vigésimo quinto día antes de Cheloris al primer día antes de Cheloris)
- De Cheloris a Elleri: 40 días divididos en dos períodos (del primer día desde Cheloris al vigésimo día desde Cheloris, y del vigésimo día antes de Elleri al primer día antes de Elleri)
- De Elleri a Ebba: 50 días divididos en dos períodos (del primer día desde Elleri al vigésimo quinto día desde Elleri, y del vigésimo quinto día antes de Ebba al primer día antes de Ebba)
- De Ebba a Yeöi: 40 días divididos en dos períodos (del primer día desde Ebba al vigésimo día desde Ebba, y del vigésimo día antes de Yeöi al primer día antes de Yeöi)
- De Yeöi a Kertta: 49 días divididos en dos períodos (del primer día desde Yeöi al vigésimo quinto día desde Yeöi, y del vigésimo cuarto día antes de Kertta al primer día antes de Kertta)
- De Kertta a Tihahea: 42 días divididos en dos períodos (del primer día desde Kertta al vigésimo primer día desde Kertta, y del vigésimo primer día antes de Tihahea al primer día antes de Tihahea)

En la actualidad, tanto los pueblos del norte como el Imperio de Monmor han adoptado el Calendario Ridiano, aunque sólo lo utilizan en las relaciones diplomáticas y bélicas.




RELIGIONES

En Ridia hay cuatro cultos religiosos principales, y varios minoritarios:


- La Tríada: el culto oficial, al menos en Svonda y Thaledia, Tilhia, Phanobia y Novana (donde a la Tríada se la denomina "los Tres"). Los tres dioses que la componen son Lhadhar, Cahhir y Jenhaha. La estructura jerárquica del culto es muy similar al de la Iglesia en la época medieval, con los triastas sustituyendo a los obispos, los triakos como sacerdotes de a pie y el triasta de Tula como cabeza visible de la religión.

- El Ia y el Öi: el Ia es el Signo de la Vida, sus seguidores se hacen llamar ianïe (o sacerdotes negros) y viven en las montañas de Lambhuari, probablemente en las cercanías de la ciudad maldita de Ahdiel (que se hundió en el Abismo durante el Ocaso, según la tradición). Adoran a la Vida y se declaran enemigos de la Muerte. La cabeza visible del culto es la Ianna, la Portadora del Ia. El Öi está opuesto al Ia, es el Signo de la Muerte. Sus seguidores son los öiyin, y su líder, la Öiyya. Adoran a la Muerte y son enemigos de la Vida; no obstante, conforme avanza la novela vamos comprendiendo que esa enemistad entre ambas creencias no es tal, puesto que tanto los ianïe como los öiyin comprenden que Vida y Muerte son necesarias e inseparables. Los öiyin viven en la cordillera de Cerhânedin desde el hundimiento de Ahdiel, que, según la tradición, era su hogar.

- El berenismo: el culto de los seguidores de Beren, un profeta que vivió en Ridia siglos atrás. No se conocen muchos detalles acerca de esta religión, salvo que el libro sagrado de Berem conforma una creencia basada en la Luz y que tiene como puntos clave el odio a los herejes, a los diferentes y a la magia y lo sobrenatural y el sometimiento de la mujer al hombre.

- El culto de los Seis: la religión oficial de Monmor, basada en la adoración de las tribus a los elementos que componen el mundo, convive y no se contrapone con la religión obligatoria de adoración a la figura del emperador, a quien consideran un dios vivo.

- Otras religiones: los tikën, por ejemplo, creen en el destino, en los espíritus y en las voces que oyen sus sacerdotisas, a las que llaman käneväs. También creen en unos demonios llamados källes, que los guían a la otra vida, un paraíso llamado Änellkä. Nunca combaten de noche porque creen que los källes están dormidos.
Los he-ranne creen que las almas de los hombres siguen viviendo eternamente encerradas en los árboles, y que algunos seres humanos están especialmente predispuestos a escuchar sus voces. La tintura azul del rann, con la que tatúan sus rostros en símbolos de complejo significado, es una de las formas que utilizan para acentuar su unión espiritual con los árboles a los que adoran.





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